domingo, 11 de septiembre de 2011

Efímero

              Una duda, un par de excusas y una estúpida propuesta me obligaron a no saber de ella. Sin embargo, tenía la certeza que la iba a ver. Es más, había imaginado la situación, las palabras que le iba a decir y hasta un desenlace.  Esperé con ansias ese momento...
           El día llegó y con la esperanza de sombrero salí a la calle. Me puse las zapatillas limpias, una remera que compré en Junín y la campera de siempre. Me suele importar muy poco el look pero ese día tenía que esmerarme y hacer el sacrificio: era necesario estar presentable por si se daba el encuentro. Crucé la calle más importante de la ciudad, compré mis chicles y luego de un par de cuadras ingresé a ese lugar. 
              La música sonaba (el Dj. se esmeraba por taladrar mis oídos con esa base de porquería) y la gente se movía sin demasiado entusiasmo. Dí un par de vueltas para entrar en el ambiente y en una esquina la ví. Lucía bella como siempre, tenía el pelo más corto que la última vez y la boca pintada. Una pollera de dos colores se pegaba a su figura y sus ojos (hermosos ojos) iluminaban su rostro. Pasé cerca suyo y saludé a un amigo con la coartada de fingir que no la había visto y seguí. Sabía que la noche me iba a dar otra oportunidad; además había que disimular la ansiedad...
            La fiesta consumió otra media hora (quizás un poco menos) y mientras charlaba con un amigo apareció nuevamente. Se acercó sin decoro y me saludó con un beso en la mejilla. Torpemente apreté su mano e intenté decirle la frondosa y entramada conjunción de palabras que había ensayado pero solo me salió un "te extraño" entrecortado.  Me sonrió y lentamente desapareció.
              Tal vez, pensó en mi después de aquella coincidencia; tal vez no... eso no lo sabré. Sin embargo se muy bien que a ella le bastó unos segundos para dejarme muerto de amor por unos meses más.
                 
              
              

No hay comentarios:

Publicar un comentario