lunes, 8 de agosto de 2011

Ausencia (y es así)


El maldito día llegó. Sin preámbulos me dijiste que lo nuestro había terminado. Torpemente no le dí importancia a tus palabras; pero para mi desgracia estabas convencida de tu decisión. Y así pasó un día, luego una semana... sin desearlo dejé de verte, sin quererlo tuve que asumir la situación y comencé a vivir con tu ausencia.
Al principio sobreviví, pero pronto me tuve que conformar con morir de a poco. No le encontraba sentido a mis días. Como un tonto lloré en tu puerta pidiéndote una oportunidad. Sin embargo todo esfuerzo fue en vano. Me quedaba tan solo pensar en esas noches largas y sufrir con cada recuerdo de nuestro pasado.
Se me fue el apetito. Estuve dos semanas sin probar bocado. Me la pasaba acostado secando mis lágrimas con la almohada. Perdí un par de materias en la universidad y las ganas de salir con la muchachada. Nada me mantenía atento y poco me importaba los problemas cotidianos.
Sufrí en demasía cuando me enteré que un nuevo amor rondaba tus pasos. Era difícil para mi asumir que podías construir tu historia con una persona distinta. ¿Por qué? ¿Tan rápido me habías olvidado? ¿acaso todo lo que te dí no importaba? Los celos me carcomían la cabeza y ciego no podía ver más allá del pasado. De a poco perdí la fe...
A pasado el tiempo y aún hoy sigo pensando en vos ¿qué queres que haga? ¿Que arranque mi corazón y lo tire en un basurero? Ojalá fuera tan fácil. Es inevitable... por más que lo intento aún hoy no puedo dejar de amarte.

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