lunes, 2 de mayo de 2011

Un día...


Un día tome mi mochila y decidí partir. Cargué dos pantalones, unas zapatillas viejas, cuatro remeras y par de boludeses más. Tenía en mi mente las anécdotas prestadas y los chismes, los sinsabores y las andanzas. Por aquel entonces, eso poco importaba pues era momento de escribir mi propia historia.-
Salí un tarde de diciembre, justo antes de emepezar el nuevo año. A destiempo (como siempre) y en contra de todas las especulaciones previas, comencé a andar sin una ruta definida. Tenía tan solo tres consejos y unos pesos que había ahorrado durante el año. Partí con la esperanza de encontrar respuestas a dos de las tantas dudas existenciales que tenía (al menos a esas dos): por un lado quería pensar en mi presente e imaginar mi futuro. No voy a negarles que me había acostumbrado a ver morir, cada día y lentamente, aquellas ilusiones que había inventado mientras estudiaba. Era necesario acomodar las ideas y marcar el rumbo. Por otro lado, deseaba escaparme de la vorágine diaria porque, a esas alturas, la rutina y su miseria de a poco me iban cosificando. Una vez pensé que servía tan solo para adornar el contexto.
Un día partí, ¡sí! por fin partí! y estuve lejos de casa por unos 25 días. Mientras viajaba fui dejando en cada pueblo, quizás sin pensarlo o tal ver extremadamente convencido, la mochila que cargaba. Escupí los prejuicios, tiré el disfraz (el saco y la corbata), las modas y el cotillón; y me sentí libre. Por fin estaba en la vereda y gracias a dios miraba el mundo (el verdadero mundo) pasar. Nada me ataba, nadie me cuestionaba. Conocí 3 países , muchos pueblitos y un millón de personas. Compré tres gorritos, varios libros, saqué 746 fotos, sumé a 20 amigos nuevos al Facebook y me enamoré un par de veces. Tuve miedo una noche, me cayó mal la comida indú, no comí salchipapa y guitarrié el la rivera del Titikaka. El regreso fue complicado y disfruté mucho al pisar tierra argentina.-
Tengo muchos tragos dulces para contarles pero prefiero hoy, 2 de mayo, charlar sobre mi última tarde en Cusco: "Con el Boleto comprado y la mochila armada salí rumbo a la terminal. Tenía pensado pasar por la Plaza de Armas y despedirme de la ciudad. Llegué, tiré la mochila en el primer banco que encontré y me senté a observar. En ese mismo instante, se me piantó una lágrima. Me sentía triste y a la vez feliz.¿Por qué? tres meses después charlando con un amigo lo pude comprender. Por fin había dado con lo que fui a buscar: estaba en condiciones de asumirlo...
Pude por fin comprender de dónde venía y hacia dónde debo ir. En mis venas corre sangre latinoamericana. Soy un chango, un coya, un inca, un sudaca, un argentino que desde el barro de la historia debe construir su futuro.
Por eso vamos a dar el puntapié en cualquier momento. La cultura llegará a los barrios, la historia de nuestro pueblo será contada en las escuelas y a través de una revista reuniremos a 5, 15, 30 a 1000 y quizás a más personas deseosas de conocer de lo suyo. Los invito a sumarse, puedo asegurarles que si nos comprometemos se puede cambiar el asunto.

Y la anécdota... UN DIA me fui tan lejos para encontrar aquí cerquita lo que había buscado



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