jueves, 26 de mayo de 2011

Barquito de papel

          Se oyó una y otra vez el mismo sonido... allá afuera el cielo parecía caerse. Las nubes negras le habían quitado luz a la tarde y los relámpagos zigzagueantes bailaban al compás de la lluvia. Por aquí, todos estaban asustados. Un día, un albañil dijo que la casa no iba a soportar una nueva tormenta. Para nuestra suerte este señor estaba en lo cierto. El techo, se abría en dos y cedía ante la fuerte lluvia. La puerta, sostenida por un cúmulos de sillas viejas, hacía fuerza por no abrirse mientras que las hojas de las ventanas golpeaban fuertemente contra la pared.
          Yo seguía tirado en un viejo mimbre. Juansito había prescindido de mis servicios quizás porque mis hojas ya se habían gastados. Rara vez me visitaba. Al parecer su memoria funcionaba demasiado bien porque no necesitaba recordar nada (a pesar de ello no quería resignarme a pensar que me había olvidado).
         De a poco el viento fue arriando a las nubes y la lluvia dejo de mojar. María (la madre de Juansito), sosteniendo a Luz en sus brazos, suspiró profundamente como quién se saca una gran mochila de encima. Rezó una vez más y se persignó tres veces. Soy testigo de las horas de llanto y de sufrimiento de esa buena mujer. También maldeció pero de eso no voy a hablar... 
         Juansito, el hombre de la casa, sacando energías no se de dónde se hizo cargo del asunto y comenzó a llevar los baldes, que habían juntado el agua de las goteras (si es que se puede llamarles de esa manera), hacia afuera. Yo escuché hablar de Samson pero ni él (tampoco Hércules) tenía, a los 9 años, la fuerza suficiente para alzar esos baldes. María, mientras tanto renegaba con el haragán.
             Por las ventanas se podía divisar las ramas que habían caído de los árboles. Lamentablemente allá afuera el ambiente no era alentador. Un vecino comentó que el viento había llevado el techo de su casa y que un árbol había dañado el citroen viejo que tenía. Ésta vez, el lobo feroz sopló tan fuerte que ni siquiera el material de las viviendas evitó los destrozos. Yo no soy de lo más cristiano pero puedo afirmarles que nuestra casa se salvó por un milagro. El barba esta vez se acordó de la familia Domínguez y le dio una manito. Las calles parecían ríos. El agua había desdibujado las manzanas y violenta corría hacia el sur de la ciudad.
                 Juansito de repente comenzó a correr hacia mi. Tenía una sonrisa pintada en la cara. Ansioso, me tomó con sus manos y de un tirón se adueño de un par de mis hojas. Como un arquitecto comenzó a trazar lineas en el papel y calculando las distancias comenzó a darle forma. Pronto esas hojas garabateadas se transformaron en dos barquitos de papel. Entendí por fin su idea...
                 Curioso, decidí quedarme en esas hojas y viajar por las calles del barrio. Puedo asegurarles que no fue una decisión sencilla. Cargaban en mi conciencia grandes preocupaciones existenciales: mi muerte podía estar a la vuelta de la esquina. Acaso ¿pasaría el primer remanso? ¿llegaría a la esquina? ¿el agua no me comería? Pero la sonrisa de Juansito me convenció... y vuelvo a afirmarlo: por fín había entendido su idea.
                     Por ello dejé las tapas y el resto de hojas y junto a Juansito salí afuera. Me hizo frío cuando toqué el agua pero a esas alturas nada importaba. Él me acompaño un par de cuadras pero pronto lo perdí de vista. Y así me fui gambeteando las piedras, cruce el barrio y pronto llegué a ningún lugar.
                   Dejé de ser un cuaderno para ser un barquito de papel. Luego dejé de ser un barquito de papel para ser "un lindo recuerdo".  Desde aquel entonces Juansito, a pesar de la tormenta, recuerda con una sonrisa aquella tarde de enero de 1.990.-

                   
Referencia: Rosario de la Frontera sufrió un gran tormenta a mediados de enero de 1.990. Yo tenía unos 4 años más o menos. Cuentan los muchachos más viejos que la maldita tormenta hizo destrozos en la ciudad. Tumbó algunos árboles y se llevó varios techos. Daniel, un amigo, me contó que por poco el agua se lleva el pueblito de los Baños.-





1 comentario:

  1. Muy Bueno Dr. Que se haga costumbre!!! Se informo bien. Por suerte omitió mi consejo.- no se ni donde estoy parado.-Sebastian

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