domingo, 17 de abril de 2011

A destiempo






La Plata, jueves 30 de enero de 1986

Lía:

Hola, ¿cómo estás? Por aquí todo va bien, por decirlo de algún modo… No hace mucho que llegué a esta ciudad y puedo asegurarte que te extraño más que nunca. Aquí la vida te maltrata a cada rato. Todo parece explotar. Yo lo quiero mucho al viejo Alfonsín pero puedo asegurarte que mis bolsillos han empezado a odiarlo.

Hay tantas cosas para contarte pero creo que, a estas alturas, es más oportuno explicarte el por qué de esta carta. Sé muy bien que tan solo nos cruzamos unas cuantas veces y que charlamos tan solo en un par de oportunidades. También sé que tenés resuelta tu vida allá en Salta. Pero qué más da… siento la puta necesidad de confesarte lo que siento y lo hago quizás porque la distancia lo ha facilitado.

Aún tengo en mi mente aquella noche de febrero. Los dos insinuamos algo pero todo quedó en la nada. Me obligue a no ilusionarme tan solo con una charla. Después de todo, la cordialidad no significa nada. Pero, y a pesar del esfuerzo, desde ese día la duda quedó hundida en mi cabeza. ¿Qué duda? Desde ese mismísimo momento nunca más tuve certezas sobre mi vida. Es sencillo… Tarde o temprano terminaba preguntándome lo mismo: Dios o el destino te han puesto en mi camino ¿porque si o por un motivo especial? ¿Tengo que seguir caminando solo o es necesario buscarte? Acaso ¿sos para mí y yo para vos? No quiero pecar de iluso pero he comenzado a pensar, y cada vez con más fuerza, en la posibilidad de afrontar mi vida al lado tuyo. Por eso te escribo, por eso me confieso, por eso lo intento.

Son incontables las horas de sueños que he gastado pensando en vos. El insomnio es mi peor enemigo. Sigo pensando, como ayer, en tus ojos claros, en tu boca y hasta en esos kilos de más que te hacen lucir más bonita. Por ahí me dan ganas de tirar todo a la mierda y de tomarme el primer tren tan solo para verte. Puedo asegurarte que he pensado muchas veces en hacerlo. Es más el sábado pasado salí con mi bolso armado pero un par de cara pintadas no me dejaron llegar a la estación. Me gustaría tomar unos mates con vos, contarte mis angustias, afrontar tus problemas y ponerme nervioso. Ay Lía! ¿Irías al cine conmigo? Tengo unos mangos ahorrados para las entradas y el café.

Bueno, me voy despidiendo. Espero no haberte molestado. Sería un atrevimiento pedirte que me respondas pero no puedo negar que me pondría muy feliz leer unas palabras tuyas. Te mando un millón de besos, cuídate y dale mis saludos a la muchachada.

Juan Pablo

PD: Espero verte pronto….

No hay comentarios:

Publicar un comentario